Los acusados por el fuego de Brenntag se declaran inocentes

Aseguraron que horas antes del suceso ya había peces muertos en el río Umia

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«No culpable». Uno por uno, los tres acusados de provocar imprudentemente el incendio que, el 1 de julio del 2006, arrasó la empresa química Brenntag y, a la postre, provocó el mayor desastre medioambiental en un río gallego, el Umia, utilizaron esta fórmula para proclamar ayer su inocencia.

Los tres mantuvieron que en todo momento se siguió el protocolo de seguridad marcado para la descarga de un disolvente altamente inflamable como es el tolueno. De este modo, refutaron la tesis del fiscal y de las acusaciones de que no se hubieran colocado pinzas enganchadas a una toma de tierra al depósito al que se estaba trasvasando el producto.

El primero en abrir fuego fue Eulogio Estévez Pérez. Incidió en que el tolueno venía contaminado -con impurezas-, por lo que fue descargado después de que se hicieran unos análisis de laboratorio. Era su primer día de trabajo después de haber disfrutado del mes de vacaciones, una jornada de altas temperaturas, algo que, en su opinión, se apreciaba en los depósitos: «Los contenedores estaban calientes, mucho. Los tocabas con las manos y...».

Con veinticuatro años de servicio en Brenntag, Eulogio Estévez relató que, cuando apenas faltaban por descargar 50 litros, «salió una llamarada del contenedor». Pese a que se cerraron las válvulas y se emplearon extintores, se produjo una explosión y la situación se desbordó.

Una versión similar mantuvo su ayudante y compañero de banquillo. José Manuel Mosteiro Piñeiro reiteró que las pinzas estaban conectadas a tomas de tierra, si bien no pudo precisar si fue él o su superior quien lo hizo, así como tampoco pudo concretar si la tercera imputada, Beatriz González Vieites, supervisó la descarga en su papel de responsable medioambiental.

Coincidió con esta última en que, horas antes de que se produjera el incendio, se pudo observar una alta mortandad de peces en el río Umia.

En su intervención, González Vieites matizó que su cometido no es supervisar cada descarga, sino «comprobar que los procedimientos generales se realizan correctamente». A este respecto, y tras dejar claro que cuando fue a comunicar la autorización para la descarga vio las pinzas conectadas a tomas de tierra, recordó que en España no hay una normativa que obliga a emplear tales mecanismos de seguridad, un extremo que confirmó posteriormente su abogado.

Además, sostuvo que las labores de extinción de las llamas, colateralmente, incrementaron el vertido de sustancias químicas al río Umia aumentando la contaminación.

Mantuvieron que las labores de extinción incrementaron la contaminación